Cultura Constituyente

Aquí se construye propuestas desde el sector CULTURA para la Asamblea Nacional Constituyente

· VALERIA CORONEL*: Formas de participación ciudadana de los actores del sector cultura.

Publicado por Cultura Constituyente en Octubre 1, 2007

*Historiadora. Tesis doctoral sobre organizaciones populares, intelectuales-artistas y élites en la Asamblea Constituyente de 1945.

1. El concepto cultura tiene un efecto paralizante poderoso sobre la mente. Nos sobrepasa de información y de imágenes que queremos meter al repertorio, pero nos impide procesarlas de forma analítica porque Cultura es uno de los escenarios privilegiados desde los que se imaginó una sociedad libre de conflictos.

2. Peligro monumentalismo: aspiración de cambio fundamentado en una visión de nuestra genealogía: ¿provenimos de Eloy Alfaro, de Simón Bolívar, del levantamiento de 1990? ¿Condenamos al pasado estas experiencias sin conocerlas?

3. ¿Socialismo del Siglo XXI sin contacto con movimientos sociales? ¿Sin una lectura de las experiencias de organización social y sobre todo la relación entre la pequeña burguesía y los trabajadores, que definieron el carácter del estado ecuatoriano? ¿Dejamos a un lado el tema del trabajo? ¿La noción de derechos colectivos? ¿Qué nos queda? ¿Con qué proyecto de participación ciudadana se podría identificar una política cultural?

4. El no surgimiento del conflicto, las resoluciones a medias, el afán de participación.

HISTORIA DE CULTURA

La disputa por la definición del campo cultural ha atravesado una historia de poder y resistencia que aún está por definirse en este país.

Antes que un encuentro de expertos en el que cada gremio vaya a empujar sus propias reivindicaciones es pertinente ahora ver cuáles son las nociones de cultura y sus consecuentes prácticas (proyectos) que están ahora en disputa, y de manera central, cómo podemos plantear una alternativa a la noción patrimonialista de cultura que se ha manejado hasta ahora y que ha sentado una división excluyente entre espíritus sublimes (élite que se supone maneja de forma moderna el lenguaje, identificados como expertos en ciertos lenguajes y capaces de mostrar a un público selecto los botines de su civilización, que incluyen una estética que ha sustituido a la política y una capacidad de reconstruir sus propias identidades pero sin confrontar los vínculos sociales en los que su noción de status, y su identidad realmente se juegan y contra quien se juegan.); y lo popular (entendido por una serie de fragmentos de discurso histórico como:

a. quienes no pueden distanciarse de sus propias costumbres y por tanto carecen de esa actitud secular propia del hombre moderno que le lleva a cuestionar, modificar y construir artificialmente todas las huellas de su identidad.
b. Los sujetos populares se suponen sobredeterminados por su cultura e indiferentes a la crítica, apegados a símbolos ya hechos de identidad que les han sido asignados: costumbres, una cultura sin conflictos de la que se supone no quieren salir pero que fundamentalmente está a las antípodas de la excentricidad y la deconstrucción que hace la burguesía sobre sí misma.

- El concepto idolatría en la época colonial y en la mentalidad criolla representa a los indios como incapaces de distanciarse de su propio lenguaje, adoran SIGNOS ESTATUAS COMO SI FUERAN SUS DIOSES MISMOS, y son incapaces de diferenciar medios de fines. Eso los hace incapaces de distanciamiento propio para la política y la economía.

- Después de 20 años de negociaciones en que se renovó la cultura y hubo una relación militante en organizaciones, y creación de medios de comunicación públicos, y que se trató de reconocer la voz de una “cultura nacional”, fuerte diálogo con Mariategui y Haya de la Torre en Ecuador de los 30`s y 40`s, se sacó a los intelectuales orgánicos del Estado y se los envío a instituciones especializadas en cultura, tipo la Casa de la Cultura (años 50), con lo cual el estado se entregó a la tecnocracia (en parte gringa) y la cultura se volvió un patrimonio espiritual en lugar del lugar en el que se pensaban formas propias de consenso.

- La visión estructural funcionalista de cultura en los años 50, que define a las regiones del mundo divididas por la mentalidad militar de la Guerra Fría como regiones culturales. Ecuador, en este contexto, tiene unos aliados occidentales que apoyan la corrección institucional, y la civilización de las clases populares, así como la importación de tecnología. A la vez que se define, desde el exterior por su particularidad cultural, por costumbres y tradiciones populares, imágenes de unidad en valores que se exportan mediante campañas turísticas de folklore y de las que formaron parte nuestros productores culturales oficiales. La Casa de la Cultura dividió los artistas e intelectuales de la escuela de educación obrera dentro de la idea de civilización para una futura y postergada ciudadanía.

- Esta división ha justificado la construcción de una visión patrimonialista de cultura: el país puede dar muestra de obras que forman parte de la civilización occidental, y también puede mostrar su patrimonio “intangible” construido con un lenguaje de identidad libre de conflicto.

UNA VISION DIALÓGICA:

Las implicaciones de esta visión de la cultura son muy serias. En conversación con observadores críticos sobre el proyecto de protección del patrimonio histórico en la ciudad de Quito, se puede observar cómo un criterio de resguardar el patrimonio y ofrecerlo solo a un público reconocido como consumidor, ha generado políticas excluyentes. Una actualización de la política decimonónica de estética urbana que suponía la exclusión contaminante de los sectores populares a menos que estos aparezcan caracterizados por sus costumbres aceptadas, la innovación en la cultura popular es intolerable, así sus expresiones culturales y de identidad que dejen ver cuanto participan de las contradicciones de la modernidad, particularmente graves en nuestros países.

En conversación con las personas que han colaborado con proyectos de cultura para la democracia: Comité Quituraymi, Casa Feminista, Proyecto Al-Zurich, se plantea claramente que esta exclusión no es un resultado marginal de políticas culturales elitistas y culturalmente dualistas, sino una guerra declarada, acompañada de represión a manifestaciones de identidad popular urbana. Existe una afrenta clara contra la soberanía de los ciudadanos, de su derecho inalienable a la identidad y a la cultura como derecho fundamental. En esto sería preciso aprender del Movimiento Indígena en su noción de pluriculturalidad.

- La población excluida de espacios.
- Imposición de identidades territoriales y símbolos de adecuación funcional al sistema, antes que como un proceso dialogizo de cuestionamiento de formas autoritarias del poder. ¿Qué rol se les asigna a los jóvenes de estratos populares de Quito cuando se les maltrata por sus expresiones? ¿Se supone que deberían seguir el modelo del artesano católico y realizarse en el trabajo?

Por iniciativa propia estos actores están proponiendo ahora múltiples colectivos culturales, la creación de espacios populares para el cuestionamiento y la disputa sobre la identidad, creación de espacios de participación comunitaria en lenguajes, expresión de la neurosis, la solidaridad, el cambio. Por la música urbana popular se produce una reacción violenta, de grupos neonazi que se organizan bajo el discurso de salvaguardar la identidad nacional de la corrupción cultural, y también una particular descarga de represión policial como se ha visto en estos últimos meses creciente con baleadas y cárcel.

¿Qué es lo que está mal ahí? ¿No sería celebrada su participación en formas de cultura tradicional? Lo que se considera peligroso es la identidad que no se ajusta a la visión dualista de la cultura (burguesía moderna-plebe tradicional). La experimentación estética es para las élites; las costumbres y las nociones fijas de identidad, la artesanía, para los sectores populares. Estos criterios distinguen entre el joven productivo y el joven delincuencial.

Nuestra discusión sobre cultura va a ser fundamental para decidir si se trata de adelantar una defensa gremial de nuestras necesidades como creadores, o si podemos aprender de quienes han iniciado ya una deliberada campaña de descolonización cultural y desarrollar una propuesta para la democratización de la cultura.

Esta propuesta supondría por un lado:

- Reconocer los espacios de conflicto y experiencias de cuestionamiento y deliberación en torno a estos espacios.
- La de los colectivos urbanos posicionándose frente a los estereotipos de lo popular y afirmándose en su derecho a experimentar con el lenguaje, y a la vez poner en diálogo social, su producción. Disputándose territorios urbanos antes que técnicas y botines culturales.
- El proceso de descolonización de espacios adelantada por el Movimiento Indígena al identificar en lugar de evadir la existencia del racismo en espacios de confluencia como el municipio, el banco, la medicina, el mercado.
- Los experimentos de interculturlidad adelantados por gobiernos indígenas han sido descritos por sus acompañantes como una experiencia en la cual se imprime una nueva política cultural en estos espacios.
- La participación cuestiona las identidades asignadas y sus relaciones de poder, interculturalidad significa no el encuentro de lo diverso sobre una base de no contaminación, sino las condiciones sobre las cuales se puede dar un intercambio transformador entre actores.
- Lo relevante de los espacios interculturales que han iniciado a formarse en la salud, etc., es que ponen en duda identidades fijas y permiten el intercambio en lugar de servir de escenarios para la eterna simbolización del status.
- La voluntad, capacidad y derecho de las comunidades de apropiarse de lenguajes para el cuestionamiento, transformación de identidades en diálogo. No imposición de status.
- La Memoria de la Cultura. ¿Qué vamos a priorizar? En un proyecto sobre memoria nacional así como en el presente, se debe priorizar los espacios de socialización, aquellos donde se ha podido promover la experiencia descolonizadora: el uso secular de lenguajes para dialogar sobre los propios conflictos.
Así también la memoria debe ser sobre esos espacios de socialización, organizaciones, prácticas que pusieron en juego y cuestionaron imágenes esencialistas sobre la gente que servía al poder.
- También hay que hacer una historia del poder y sus estrategias y mostrarlo.

¿Cómo podría ser una propuesta para la constituyente que avance en este proceso iniciado por la comunidad, por múltiples iniciativas sociales, y que ofrezca garantías, en lugar de obstaculizarlo?

Propuesta:

No podemos ampliar los derechos sin reconocer los conflictos, por lo cual no se puede hacer un gobierno de burguesía progresista sin entrar en un diálogo que ha tardado mucho entre el gobierno, un territorio aun en disputa, y los movimientos sociales.

1. Identificar la cultura no por sus productos, objetos, sino por los espacios sociales donde se producen huellas, lenguajes, identidades. Entender la cultura como la HUELLA DE UNA SOCIALIZACIÓN. Hacer investigaciones e inventarios, pero sobre todo hacer contactos y redes.

2. Adelantar una política de identificación de espacios de socialización en el conjunto territorial, que incluya los criterios de diversidad y de interrelación compleja y conflictiva. Esto incluye investigación e interlocución con estos escenarios, también su promoción.

(Este asunto se relaciona con la representatividad misma de la asamblea. Las listas son representantes que deben estar en diálogo consultivo con la sociedad, los movimientos sociales).

3. Plantearse el tema de la cultura como un proyecto social, sociológico, demográfico, no como un tema de consumo estético que solo afirma el status.

4. Identificar en estos espacios como la ruptura del dualismo cultural y el acceso a lenguajes puede contribuir a crear espacios públicos de consenso y conflicto negociado. Este sería el aporte de la cultura a la política y viceversa. (A la interculturalidad)

5. Promover una democratización de la cultura. Promover un cambio jurídico e institucional que asuma la cultura como un derecho fundamental y universal. Las instituciones públicas, por tanto, deberán fomentar los espacios sociales de creación y recreación de lenguajes. El Estado deberá proteger estas prácticas y garantizar el tiempo y el espacio para estas prácticas.

6. Hacer una memoria del conflicto, el poder y la resistencia, hacerlo con investigadores y también entre la sociedad de forma reflexiva y participativa. Propender a una reflexión pública. Como en las sociedades que están en un momento de cuestionamiento de su experiencia fascista o colonial o esclavista. Tipo Sudáfrica. (Ver museo de la consciencia).

7. El estado garantiza, la sociedad deja huella, crea, usa lenguajes.

8. Crear mecanismos de demanda al Estado cuando el derecho fundamental a la cultura en los términos antes planteados, no en términos de imposiciones esencialistas sobre la identidad, no se cumpla. (Tipo derecho de tutela)

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